El capital de riesgo está presente en muchos de los proyectos empresariales que no tienen un futuro claro y que necesitan de personas, o instituciones que confíen en ellos para salir adelante.
En la economía digital es bastante habitual que al crear una sociedad limitada online, cuando se tiene una idea de negocio para la que se requieren muchos recursos, se recurra al interés por invertir de terceros.
Lógicamente, estos inversores que asumen un riesgo, querrán en el futuro obtener un rendimiento, el cual se puede formalizar como prioridad en la utilización del producto final, o la tenencia de participaciones que se pueden vender cuando la empresa aumente su cotización.
Por supuesto, hay que tener en cuenta los trámites legales y administrativos de las sociedades limitadas cuando se recurre a inversores de capital de riesgo.
Así que en este artículo, analizamos las características que definen a este concepto, así como sus tipos y sus diferentes etapas en la constitución de una sociedad limitada.
¿Qué se entiende por capital de riesgo?
El capital riesgo es la inversión directa en empresas que no cotizan en bolsa, aportando recursos a cambio de participación accionarial. También, en sociedades limitadas que se encuentran en desarrollo y que aún no tienen un hueco en el mercado.
Por lo tanto, este tipo de inversión se centra en empresas con un buen potencial de crecimiento, pero que suelen tener más incertidumbre.
La idea consiste en inyectar fondos para que la empresa pueda desarrollar sus proyectos, o escalar su actividad, con la expectativa de obtener beneficios cuando dicha empresa aumente su valor.
Como es lógico, esa plusvalía llega cuando el inversor sale de la empresa, vendiendo su parte a otros inversores, a la propia empresa, o mediante la salida a bolsa.
Desde la perspectiva institucional, estos recursos los administran fondos de capital riesgo, o sociedades especializadas que recaudan dinero de inversores profesionales para invertir en múltiples empresas.
Pero en realidad, hoy en día gracias a Internet, prácticamente cualquier persona puede convertirse en inversor de capital de riesgo, ya sea a través de ‘crowfunding’, criptomonedas, o apoyando la constitución de empresas de terceros.
En la práctica formal, más allá de la especulación, ese dinero se aporta como capital y no como deuda bancaria, así que el inversor pasa a ser accionista y comparte riesgos y beneficios con los fundadores, o gestores.
Hay que tener en cuenta que este tipo de inversión conlleva riesgos elevados, ya que la liquidez suele ser limitada hasta que llega la desinversión, la valoración puede fluctuar según criterios internos y la rentabilidad depende de que la empresa ejecute adecuadamente sus planes.
¿Qué tipos de capital de riesgo se pueden encontrar en las sociedades limitadas?
Si hablamos de inversión en capital de riesgo dentro del marco de la formalización de negocios con una sociedad limitada, hay que decir que esta figura jurídica recibe un tratamiento especial que merece la pena analizar.
Parte de dicho análisis suele centrarse en las distintas vías que puede adoptar ese capital dentro del universo legal español, ya que por una parte existe la posibilidad de que una sociedad limitada sea participada, por una sociedad de capital riesgo constituida como sociedad anónima.
De esta forma, las sociedades de capital riesgo aportan recursos temporales a empresas no cotizadas, con el fin de adquirir participaciones que respalden el desarrollo del negocio y permitan obtener una rentabilidad con la posterior venta de esas participaciones.
En España ese tipo de sociedades deben tener un capital mínimo nada despreciable de 1.200.000 euros, ingresando al menos el cincuenta por ciento al constituirse y el resto durante los tres años siguientes, y están obligadas a inscribir un mínimo de tres consejeros en el consejo de administración.
Pero otras formas de capital de riesgo actúan a través de fondos especializados que respaldan compañías participadas, cuya característica fundamental es que no son personas jurídicas.
Dichos fondos reúnen dinero de inversores por medio de sociedades gestoras registradas en la autoridad reguladora nacional, y debe utilizarse una parte importante del capital a participaciones en empresas no cotizadas.
También existe el fondo de capital riesgo europeo que sigue reglas similares al fondo nacional pero abre la captación a inversores de otros países de la Unión Europea, y admite inversiones en empresas con menos de 499 empleados y requiere que cada partícipe desembolse al menos 100.000 euros.
Las diferentes etapas de las inversiones de riesgo y sus características
En los comienzos de cualquier proyecto empresarial, cuando la idea de negocio no se ha puesto en práctica, llega el tramo conocido como fase pre-semilla, un punto en el que la empresa todavía no está activa, dado que casi todo se concentra en definir el producto y la estructura de trabajo.
El capital que llega en esa fase sirve para investigar el mercado, diseñar un prototipo, o redactar un plan de negocio, y es dinero que suele proceder de ahorros personales, de familiares, o de personas dispuestas a apostar por una idea aún sin validar.
Cuando ese prototipo ya empieza a funcionar y hay potencial de venta de un producto mínimo viable, aparece la fase semilla, y en ese momento el proyecto necesita más fondos para desarrollar el producto, captar los primeros usuarios y validar el modelo de negocio.
Las inversiones provienen de capitales privados que aceptan un riesgo elevado, a cambio de una participación accionarial, y el objetivo es pasar del prototipo a un primer lanzamiento comercial, en el que los inversores serán los primeros que puedan disfrutar del producto que se ha creado.
Superada esa fase, la compañía entra en etapa temprana, donde el producto ya tiene clientes y se busca financiación que amplíe las capacidades comerciales y la estructura operativa.
En ese punto entran capitales más formales, y luego arranca la fase de crecimiento, donde la empresa ya tiene buenos niveles de ventas y busca expandirse, así como lanzar nuevas líneas de productos, o actualizaciones del que ya ofrece.
Así que dicho todo esto, si tienes una idea de negocio para la que quieras conseguir inversores, o quieres asesoría legal y fiscal para invertir tu capital en este tipo de sociedades, contacta con nosotros.
